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Reforma de pensiones: mitos y leyendas

INGRID JONES Economista, Libertad y Desarrollo

Por: INGRID JONES | Publicado: Lunes 6 de mayo de 2024 a las 04:00 hrs.
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INGRID JONES

En la tramitación de la reforma de pensiones en el Senado, las autoridades insisten en algunos mitos. El primero de ellos, es el tema de la tabla de mortalidad y el cálculo de las pensiones. La tabla de mortalidad que llega a los 110 años calcula la probabilidad de que las personas vivan hasta esa edad, pero las pensiones no se calculan con ese dato, sino que toman la expectativa de vida a la edad de jubilación, que es actualmente de 86,6 años en hombres y 90,8 años en mujeres.

Segundo, estamos todos de acuerdo en que las pensiones son bajas y hay que mejorarlas. Pero la culpa no es de las AFP, sino que es consecuencia de la informalidad laboral, lagunas previsionales, baja tasa de cotización, edades de jubilación que no han cambiado y expectativas de vida que aumentan. De hecho, la administración de los fondos de pensiones, además de que ha garantizado la propiedad de los ahorros, ha permitido que los recursos ahorrados renten eficientemente y constituyan el 70% del monto de la pensión final.

“Permitir que otros actores privados -incluso un ente público- se incorporen a la industria, pero que todos compitan en igualdad de condiciones, sin subsidios, sigue siendo un mejor camino que dinamitar el sistema de pensiones actual”.

Si bien las rentabilidades han disminuido en las últimas décadas, ello se debe a factores estructurales, que afectan a todos los fondos financieros, incluyendo a los de pensiones, pero donde Chile lo ha hecho muy bien, con una rentabilidad promedio de 3,1% en los últimos 20 años, por sobre el promedio de países de la OCDE.

El Gobierno insiste en comparar el modelo de la administración de los fondos de cesantía y el de las AFP. Los datos muestran grandes diferencias, especialmente en el volumen de pagos y atenciones de servicio. A pesar de eso, se concluye que son iguales. Solo como antecedente, la “AFC Chile” se ha adjudicado cada una de las licitaciones, al haber ofrecido la comisión más baja. Pero sólo en la primera de ellas (2002) se presentaron tres instituciones; en las siguientes, de 2012 y 2022, la AFC fue sido el único participante, lo que refleja la nula competencia que ha generado este proceso.

Finalmente, la división de la industria se fundamenta en la búsqueda de una mayor presencia del Estado en el sistema de pensiones, con el riesgo de captura política de los fondos y el efecto en el mercado de capitales, pues al menos 36% del PIB estaría en manos del Estado. Pero, ¿cuánto aumentan las pensiones si las tareas se dividen? El Gobierno no ha presentado cifras concretas que cuantifiquen el impacto. Aumentar la competencia, permitiendo que otros actores privados y hasta un ente público se incorporen a la industria, pero que todos compitan en igualdad de condiciones, sin subsidios, sigue siendo un mejor camino que dinamitar el sistema actual.

Si no nos ponemos de acuerdo en estos y otros aspectos que tienen un claro sustento técnico, no lograremos llegar a una reforma que realmente aumente las pensiones. Si el mismo estudio del Gobierno muestra que la reforma sube las pensiones actuales perjudicando las futuras, el Ejecutivo debe buscar otras alternativas, toda vez que el gasto fiscal que se requiere es acotado y transitorio.

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