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Tribuna Libre

La anaconda y los niños

Felipe Hübner
Director de Chile Líderes.
fhubner@uc.cl


Hace unos años, en un viaje al Amazonas, alojé en una comunidad indígena del lugar. Era un sitio aislado, en lo profundo de la selva, al que era muy difícil llegar. Ahí me mostraron un “juego” bastante particular. Consistía en poner una anaconda en el suelo, y tirar dulces cerca de ella. Los niños del lugar, si querían tener un dulce, tenían que acercarse al reptil y recogerlos con valentía. Esto fomentaba el coraje de los niños, y muy rara vez la anaconda los atacaba, no siendo tan peligrosa por su pequeño tamaño. Al final, los dulces que no podían ser alcanzados por los niños quedaban ahí, a merced de la anaconda.
En Chile, muy lejos de esa comunidad indígena, puede ocurrir algo similar. El Estado, cual anaconda, observa con cuidado como los niños (emprendedores), toman riesgos para obtener beneficios. En general no se come los dulces, porque no le corresponde. Se limita a arbitrar como los niños compiten y sólo se lleva aquellos dulces que los privados no pueden alcanzar, por aplicación del principio de subsidiaridad. El juego funciona, porque comiendo sólo esos dulces, mantiene un tamaño que hace a la anaconda necesaria y apta para el juego. Pero ¿qué pasaría si la serpiente se empezara a comer todo, y atacara a los niños? Muy probablemente el juego perdería sentido, y los jugadores no se arriesgarían.
Eso es lo que podría pasar en Chile si el Estado cayera en la tentación de ir más allá de la institucionalidad existente para aplicar sus decisiones. O tal vez podría ser una señal de que las normas deben ser revisadas, para hacerlas más eficientes, y menos burocráticas. Lo que ocurrió con Barrancones plantea estas preguntas. Uno de los niños fue mordido por la anaconda y el ambiente se puso tenso. Por ahora los infantes seguirán jugando, aunque con más cautela. Pero si la serpiente los sigue atacando, dejarán de jugar.
Tal vez ha llegado la hora de revisar la institucionalidad, para que ayude a conciliar lo que hay que preservar, con lo que hay que desarrollar. De otro modo la serpiente puede comerse todo y hacerse larga y peligrosa. Es útil que la anaconda siga viviendo, pero cuidado: debe estar al servicio de los niños, y no al revés