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Editorial

Informe de Política Monetaria

El Banco Central presentó ayer el Informe de Política Monetaria (IPOM) correspondiente a septiembre, en el que realizó una importante alza en las proyecciones de crecimiento para el presente año, la que se apoyó en la mayor demanda y actividad mostrada por la economía local en los últimos meses.
Para 2010, el organismo estimó una expansión entre 5% y 5,5%, lo que se ubica por encima de lo previsto en junio, cuanto anunció un rango de entre 4% y 5%. También realizó la primera estimación para 2011 al proyectar una expansión de entre 5,5% y 6,5%.
De lo señalado en el informe, queda expuesto que tras la relevancia que tuvieron las importaciones de bienes de capital y la reposición de existencias en el primer semestre de este año, la inversión en infraestructura y construcción tomarán el liderazgo de la actividad para en lo que queda de 2010 y gran parte del próximo año.
En lo que respecta a 2011, el rango dado por el Central está en concordancia con lo que ya estaban estimando los analistas privados. No obstante, la dificultad que se plantea para la autoridad el próximo año será cómo conciliar los distintos factores para que esa expansión esperada no despierte riegos de sobrecalentamiento que afectan el dinamismo que viene mostrando la economía con posterioridad al terremoto de febrero pasado. En ese contexto, el Banco Central deberá continuar haciendo su tarea para contener eventuales presiones inflacionarias.
Por lo tanto, si bien el escenario es positivo a todas luces, desde ya se plantea que el segundo semestre de 2011 mostrará un menor ritmo que la primera mitad del año, lo que obviamente impondrá un desafío mayor para que la autoridad alcance las metas de crecimiento proyectadas, dado que la base de comparación ya no será tan baja como ocurre en la actualidad y, además, se habrán reducido las holguras que hoy subsisten. Por tanto, desde ya se anticipa que la tarea no será fácil.
Pero ya pensando en el mediado plazo, el otro gran desafío que se tiene por delante como país es poder generar una agenda pro crecimiento más decidida. Obviamente, el terremoto impuso un cambio de prioridades al gobierno para lo inmediato, pero las metas de expansión del PIB anual que se tienen necesariamente deberían estar acompañadas de un trabajo en conjunto con los distintos estamentos de la sociedad. Por ello, por qué no retomar un trabajo más decidido con el sector empresarial y los trabajadores para dar vida a una agenda que en el mediano plazo permita que efectivamente se pueda pensar de verdad en alejarnos del subdesarrollo.