
Jueves 02 de septiembre de 2010
Los "managers" en cualquier tipo de organización suelen ser personas reconocidas por su eficacia para lograr objetivos. A ellos se les asocia con un perfil de liderazgo fuerte, con mucha energía, tenacidad (incluso obcecación) y orientación al logro.
Muchos "managers" no creen necesitar empatía, ni inteligencia emocional o alguna de las llamadas habilidades blandas para que las cosas ocurran. Confían mucho en sus sentidos, conocimientos y habilidades personales y por lo mismo quieren ser juzgados por sus "aptitudes" para conseguir resultados más que por sus "actitudes" en el modo como los alcanzan.
Muchos asocian la figura de nuestro presidente a la de un gran "manager". En efecto, la forma como ha conducido la tragedia de la mina San José, liderando personalmente cada decisión y la manera como se ha involucrado para conseguir el traslado de la central termoeléctrica, que se había aprobado construir en la cercanía de Punta de Choros, dan cuenta de su estilo "hands on" tan propio de los "managers".
Peter Drucker, el reconocido gurú de la administración de empresas, hace referencia a las limitaciones del manager para conseguir resultados sostenibles en el largo plazo y sostiene que: "el verdadero desafío de la administración moderna no es contar con los managers que consigan resultados, sino con el management que los haga sostenibles".
El management trasciende a los individuos particulares y concretos involucrados en la gestión y da cuenta de los sistemas, procesos, formalidades y estructuras que permiten que las empresas y organizaciones de todo tipo puedan subsistir en el tiempo, a pesar de que las personas vayan cambiando. El management, en otras palabras, permite lo que con tanta frecuencia se presenta como un gran valor del país: "que las instituciones funcionen".
Vale la pena preguntarse entonces si es malo, en definitiva, que la máxima autoridad política tenga marcadas características de manager.
A mi modo de ver la respuesta no ha de buscarse en lo positivo o negativo del estilo de liderazgo del presidente, sino en lo adecuado del mismo para el contexto en que su administración se desenvuelve. Sin lugar a dudas, para la emergencia vivida en la mina San José estas cualidades eran las óptimas y el valor de lo conseguido innegable. Por ello, no resulta extraño el aumento reflejado en las últimas encuestas en el respaldo a su gestión.
El caso de la termoeléctrica es distinta, los plazos eran mayores y en muchos sentidos su intervención apresurada (es esa "la cuenta" que hoy la oposición le está pasando).
Ser manger y hacer management no son excluyentes, sino que muy complementarios. Si el presidente Piñera logra complementar ambas realidades puede lograr ejercer un liderazgo muy efectivo y diferenciador de los anteriores gobiernos. Esto no es fácil para alguien acostumbrado a mandar y ejecutar, pero fundamental si quiere posicionar su administración como realmente seria.
Su equipo más cercano puede ayudarlo mucho, en la medida que tenga la fuerza para promover el desarrollo institucional del país, recomendando la abstención del presidente en algunos temas, por urgentes que estos aparezcan, y dejando que efectivamente las instituciones funcionen.