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Leonidas Irarrázaval

Leonidas Irarrázaval | Columnista | Diario Financiero Online

Una isla lejana
y turbulenta

Martes 24 de agosto 2010

Islandia nunca daba que hablar en el pasado. Se independizó de Dinamarca en 1945, después de La Segunda Guerra Mundial. Estados Unidos construyó el único aeropuerto internacional en Keflavic, justamente para ser usado durante esa guerra para patrullajes aéreos sobre el Báltico y el Atlántico Norte.
Es una isla pequeña, con 300 mil habitantes, cubierta de hielo y llena de aguas hirvientes que brotan en todo su territorio y que provienen de sus numerosos volcanes. En agosto del año pasado escribí sobre los problemas económicos de Islandia que se asemejan a los de Grecia, España, Portugal y otros países europeos. Esto fue una sorpresa para todos los observadores porque la pequeña economía islandesa parecía firme con su petróleo extraído del mar, su pesca y una modesta producción de lana de oveja. Ahora, se está recuperando con un apoyo firme del Fondo Monetario Internacional.
Pero la sorpresa no se quedó allí. Hace dos meses dos de sus principales volcanes empezaron a arrojar toneladas de lava, humo y polvo tóxico. Ahora se habla muy seguido de los volcanes islandeses que han paralizado por semanas el tráfico aéreo en el norte y centro de Europa. Estas erupciones han causado más daño que varios años de huelgas históricas de los aeropuertos o de varias compañías aéreas.
Al parecer, los volcanes se han tranquilizado, pero -como los terremotos chilenos- nunca se sabe a ciencia cierta lo que vendrá y más vale estar preparados.
El gran problema es que tampoco sabemos muy bien cómo debemos prepararnos y la población solo responde en forma regular a los ensayos de erupciones y tsunamis. El ejemplo más elocuente ha sido en Chile el caso de Chaitén, a mi juicio el punto más sufrido de Chile.
Ahora nos ha llegado Islandia en otra forma. Se estrenó, hace poco un film islandés interesante. Su titulo es “El novio”, actuada y dirigida por Hilmú Snaergonason y Margaret Whyandottir. El idioma es el islandés, antiguo noruego que ahora los noruegos no entienden. En el film se habla poco y no hace falta más. El protagonista repite a sus alumnos que quien se reclama feliz por más de diez minutos es un idiota…Está rodado es una pequeñísima isla del norte de Islandia. Es pleno verano sin un árbol ni un arbusto y mucho menos una flor. Así y todo, allí existen el amor, las pasiones y toda las demás características del ser humano.
Muchas lecciones aprendí cuando fui embajador concurrente en Reikiavik. Entre otras, que el apego de los islandeses por su idioma es algo importantísimo. Aún viven dos premios Nobel de Literatura. Fui a la Opera Nacional y vi “Cavalleria Rusticana” y “Pagliacci”” cantadas en islandés, como toda las demás operas que se presentan allí. En el intermedio conocí al director de la orquesta, un francés de apellido Douat quien me rogó que intercediera que lo invitaran por una segunda vez a Chile.
Quizás lo más rescatable de mis experiencias islandesas es comprobar el empeño que ponemos los seres humanos en vivir y ser felices más de diez minutos donde no parece posible existir. Esto puede ser en Palestina, Bangla-Desh y varios otros sitios del mundo. ¿Estará nuestro querido Chile entre ellos, al menos para muchos extranjeros?