Logo Diario Financiero Online

Columnista

Carolina Dell´Oro

Carolina Dell´Oro | Columnista | Diario Financiero Online

Estamos bien en el refugio los 33

Viernes 27 de agosto del 2010

Muchas veces pensé sobre cuál iba a ser el legado que íbamos a dejar para el Bicentenario. Se habló de grandes parques, avances en la erradicación de la pobreza, un país caminando con paso firme hacia el desarrollo, una educación que nos permitiera estar orgullosos de las oportunidades que tendrían todos los niños de nuestro país. Y también por qué no decirlo, construcciones simbólicas, como lo fue el Bellas Artes para el Centenario.
Pero nada de esto ocurría en forma tan clara. Comienza el año con un ‘remezón’ que no sólo se lleva la vida de muchos chilenos, sino que también acaba con parte importante de nuestro patrimonio histórico; lo que parece casi una ironía de la vida, justamente ad portas de estas celebraciones.
Al pasar el año, fuimos viendo cómo el gran dolor de este terremoto nos comenzaba a mostrar que lo grande y lo realmente celebrable de una Nación y su pueblo, viene justamente de las personas que la forman. Quién no se emocionó con esa bandera en alto, rasgada y maltratada, pero en pie, que simboliza el alma de Chile. Apareció con fuerza avasalladora ese espíritu comunitario, que nos permite enorgullecernos de ser parte de un país cuya identidad es salir al encuentro del que sufre. Cuántos voluntarios anónimos: Jóvenes, mujeres, familias, niños, empresas, Iglesia, e instituciones han salido sin límites al encuentro de los otros, y no sólo a reconstruir sus casas; no sólo a construir el exterior, sino a compartir y acompañar en el camino del dolor. Logrando así, me atrevería a decir, una verdadera refundación, donde se rescatan las bases mismas que hicieron de este país una nación independiente.
Pero no fue suficiente. El país nos tenía otro gran desafío: treinta y tres mineros chilenos, en un día cotidiano de trabajo, entran a su turno en la oscuridad de la profundidad de la tierra y quedan atrapados por un derrumbe. Parecía que esta tragedia enlutaba nuestras celebraciones. Parecía que ahora sí que no íbamos a poder celebrar el Bicentenario.
Sin embargo, al pasar de los días, nos dimos cuenta que estos 33 hombres fueron capaces de resistir, luchar y sobre todo, enfrentar con reciedumbre y esperanza una situación que para cualquiera de nosotros parecería que no tenía salida alguna. Ellos fueron capaces de ver la luz que ya no venía del exterior, sino de lo más hondo de cada uno de ellos; la que les permitió no sólo superar la adversidad, sino como hemos sido testigos, no haber perdido la esperanza.
Fuera de la mina, nos ha impactado ver a quienes estaban cargo de esta proeza, que perseveraron y no sesgaron -a pesar de las distintas posturas, acusaciones, miedos- en la lucha inquebrantable por encontrar a estos hombres.
Entre estos dos grupos, y todos nosotros que acompañábamos desde nuestros hogares este dolor, se hizo patente un gran factor común que nos une como chilenos: volvimos a mirar a Dios como nuestro Padre, como nuestra esperanza, como nuestro camino.
Quizás a partir de esta experiencia humana va a nacer la ‘gran edificación’ que va a poner un sello indeleble a nuestro Bicentenario. La capacidad de darnos cuenta que no hay edificación, ni logro más significativo en un país que reconocer el valor de cada una de las vidas que lo componen y todo su inmensidad, que tan fácilmente olvidamos.